Mis aficiones
Título de la página
Album de fotos
Mis enlaces favoritos
Curriculum vitae
Cordialidad
Mis enlaces favoritos nuevo
Cordialidad

Puedes modificar este párrafo realizando diferentes operaciones con él, como por ejemplo, editarlo, moverlo, copiarlo, eliminarlo...
Imagen
Las palabras cordialidad, gentileza, amabilidad, son sinónimos del comportamiento amigable y respetuoso que las personas bien educadas acostumbran a ofrecer a sus semejantes. Hay otras características que hablan de la buena educación de un individuo: los modales y la urbanidad, pero, en este artículo sólo trataremos lo relacionado a la cordialidad, por ser una práctica necesaria en toda situación, y sinembargo, muy venida a menos en estos tiempos.

Pero cuando menciono la palabra "educación" no me refiero a la adquirida en los centros de enseñanza. Ciertamente, una persona puede carecer de instrucción báscia o académica, y no obstante ser amable y respetuosa en contraste con un profesional grosero y patán.
Lamentablemente, es común encontrarnos en la calle, en una dependencia pública, en una empresa, por teléfono o en cualquier parte, cada día con mayor número de personas desatentas y groseras que bien merecen el calificativo de "mal criadas".

Esta "malcriadez" rampante se ha puesto de moda debido al poco énfasis que se hace en el hogar y en los colegios sobre el respeto y la cordialidad, y aquellos que tuvieron el privilegio de ser enseñados sobre estos valores, los han ido perdiendo paulatinamente por no ejercitarlos y dejarse abrazar por un entorno despersonalizado y hostil. La situación es tan crítica, que cuando ocasionalmente tenemos el placer de encontrarnos con alguien bien criado y gentil, hasta nos turbamos por lo desacostumbrado de su actitud.

También debemos considerar, que esta especie de apatía hacia todo lo que nos rodea, está fuertemente influenciada por los problemas que debemos enfrentar a cada paso, pues el mundo de hoy a diferencia del que vivieron nuestros abuelos, es un escenario donde se vive de prisa, bajo presiones y estrés. En un ambiente así, es usual que los nervios se quiebren y la frustración y el desánimo hagan presa de nosotros desembocando en actitudes desagradables hacia los que nos rodean. En consecuencia, podríamos decir que antiguamente era más fácil ser amable que en nuesros días.

Pero hay factores más profundos que están causando este deterioro en las relaciones interpersonales, y entre ellos podemos citar la falta de sensibilidad o endurecimiento del alma, que conduce al envanecimiento y enaltecimiento de vanidades como el poder, el dinero, la fama y la belleza. Lamentablemente, como complemento a esto, aparece la deformación de los valores en la sociedad, donde se admira y entroniza a estas cosas, estimulando la arrogancia, la altivéz y la soberbia; pues, desde pequeños se nos está enseñando que debemos "triunfar en la vida" para ser reconocidos; que tenemos que ser los mejores en algún deporte; que debemos sacar las mejores notas en nuestros estudios como sea; que debemos vestirnos lo más elegantemente posible; que debemos ser hermosos; que debemos ganar mucho dinero. Falsos valores todos ellos que sólo destruyen el alma.

Como hemos visto, son múltiples las razones por las cuales nos enfrentamos cada día a mayor descortesía y falta de respeto, que, de continuar agravandose la situación, pronto la cordialidad será sólo una reliquia que posean unos pocos bien criados que además tengan salud mental y espiritual. Es conveniente, por tanto, hacer conciencia de esta situación, para, tanto en los hogares como en los colegios formar niños y jóvenes amigables, gentiles y respetuosos, que favorezcan a la sociedad del mañana con la práctica de éstos valores.

Pero, qué hay de nosotros los que ya somos adultos y estamos envejeciendo?
Pues, es necesario que reflexionemos muy seriamente y hagamos consciencia de que no sólo debemos ser religiosos en la iglesia, la mezquita o la sinagoga, sino que debemos practicar
la cordialidad y el respeto con nuestro prójimo, sea cual fuese su edad, sexo, condición social o económica, pues todos somos iguales ante Dios, y mañana tendremos que rendirle cuentas.
Imagen